Las relaciones entre derecho internacional y derecho interno

En ocasiones, los gobiernos se resguardan tras el derecho interno para eludir sus compromisos internacionales (como las decisiones proferidas por cortes internacionales). Al hacerlo, suelen alegar que su respectiva Constitución, norma de normas, prevalece (internamente) sobre cualquier otra disposición incompatible. Sin embargo, el artículo 27 de la convención de Viena sobre derecho de los tratados proscribe invocar el derecho interno como justificación al incumplimiento de una obligación emanada de un tratado; mientras que los artículos 3 y 32 de los Draft Articles sobre responsabilidad del estado por hechos internacionalmente ilícitos, elaborados por la Comisión de Derecho Internacional de Naciones Unidas, y que reflejan la costumbre internacional, también apuntan a la irrelevancia del derecho interno frente al derecho internacional, al establecer, respectivamente, que la calificación del hecho de un Estado como internacionalmente ilícito no es afectada por la calificación del mismo hecho como lícito bajo el derecho interno, y que el Estado responsable no puede invocar su derecho interno para justificar el incumplimiento de sus obligaciones. ¿Qué hacer con este conflicto normativo? La formulación clásica de las formas de conexión del derecho internacional y el derecho interno oscila entre el dualismo y el monismo.

De acuerdo con el primero, se trata de dos sistemas jurídicos independientes especialmente en cuanto al objeto que reglamentan y a los sujetos destinatarios, de manera que, a raíz de esta separación, el derecho internacional debe ser incorporado como norma de derecho interno para su ulterior aplicación dentro de un Estado. De esta manera, la relación existente entre ambos sistemas no es de conflicto sino de coexistencia, gracias a la transformación que opera sobre la norma de derecho internacional cuando es incorporada al orden interno para su aplicación. Esta visión, que quizá pudo ser válida en tiempos en que el derecho internacional regulaba estrictamente asuntos entre Estados, como las relaciones diplomáticas. ha perdido relevancia en la medida que los individuos han ido ganado protagonismo como sujetos del derecho internacional, en áreas como los derechos humanos y la protección de inversiones; y en tanto que, en el marco de la globalización, los procesos de integración entre Estados demandan un alto grado de convergencia normativa en torno a cuestiones como la facilitación del comercio, la migración de personas o el cuidado del medio ambiente, todos estos aspectos que, por su naturaleza, son susceptibles de entrar en pugna con disposiciones del derecho interno en cuanto a la materia que regulan y sus destinatarios.

Así, queda el monismo, según el cual, derecho interno y derecho internacional forman un solo ordenamiento jurídico, aunque no se encuentran en una relación coordinada sino subordinada. Pero, ¿cuál de los dos se subordina al otro? Hay dos vertientes: 1.) el monismo constitucionalista, que da prevalencia al derecho interno, excluyendo la aplicación del derecho internacional en caso de conflicto, ya que le concede a aquel mayor jerarquía; y 2.) el monismo internacionalista, en el que el derecho internacional, por ser de mayor jerarquía, tiene aplicación directa. Una posición radical en torno a cualquiera de estas vertientes es inconveniente. De parte del monismo constitucionalista, se generaría un escenario de inseguridad jurídica capaz de erosionar el principio pacta sunt servanda; mientras que, bajo el monismo internacionalista, la soberanía de los Estados quedaría en entredicho. En consecuencia, se abre paso una tercera vía, el monismo moderado, que propende hacia la coordinación y que, para la Corte Constitucional de Colombia (ver aquí), es la doctrina que mejor refleja la práctica jurídica contemporánea.

¿Cómo opera? Ante un conflicto entre la Constitución de un Estado y una norma internacional, el juez debe guardar deferencia hacia su Constitución, pero esto no implica que la norma internacional sea inválida o subordinada, sino que simplemente resulta inaplicable internamente con respecto a determinado Estado. Sin embargo, al no aplicar la norma internacional, el juez estará comprometiendo la responsabilidad internacional de su respectivo Estado, el cual no podrá alegar su Constitución como disculpa para desconocer sus compromisos internacionales. En consecuencia, ante la inaplicabilidad de una norma internacional por parte de los jueces de un Estado, el gobierno de este Estado está obligado bien a modificar el orden interno, remediando la contradicción y dejando de comprometer su responsabilidad internacional; o bien a efectuar una re-evaluación de sus compromisos internacionales (en el marco de su política exterior), y proceder a denunciar los tratados que contraríen su Constitución. Así, se soluciona el conflicto entre derecho internacional y derecho interno mediante un proceso dinámico de evolución normativa.

Finalmente, la conexión entre derecho internacional y derecho interno puede estar determinada por circunstancias especiales. Por ejemplo, frente a ordenamientos jurídicos en donde la Constitución expresamente dispone que algunos tratados, como los que versan sobre derechos humanos, tienen rango constitucional y son de aplicación directa en razón del llamado bloque de constitucionalidad. Así mismo, ocurre con respecto a normas internacionales que se originan en el marco de un proceso de integración profunda (como la Unión Europea), de donde surge una nueva jerarquización con prevalencia del derecho internacional. Así, en el caso Costa vs. E.N.E.L., el Tribunal de Justicia Europeo encontró que de la entonces Comunidad Europea (hoy Unión Europea), dada su naturaleza, se desprende un sistema jurídico autónomo al que los Estados miembros circunscriben sus derechos soberanos, de tal forma que las cortes nacionales están obligadas a aplicar la normativa comunitaria. Esto no significa que el derecho interno sea inválido, sino que, ante un conflicto entre normas nacionales y normas comunitarias, siempre prevalece el derecho comunitario.

© Rafael Tamayo, 2014.

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